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Todo es posible

Eddie Warren Eddie Warren practica con el balón. En el Maine Shrine Bowl, anotó el punto extra más largo que alguna vez se haya anotado en un juego en ese estadio.

Eddie Warren vivió una situación difícil en su juventud, sin embargo, no permitió que eso le impidiera continuar con su pasión.

Eddie nació con dos piernas deformes lo que le impediría poder caminar alguna vez. Su bisabuela les sugirió a Eddie y a su madre, Wanda, que visitaran el Shriners Hospitals for Children® de Springfield debido a la pericia del hospital en prótesis. Eddie y su madre conocieron al Dr. David M. Drvaric, jefe de personal del hospital, y quedaron cautivados por el cuidado y la atención personal que recibieron.

“El ambiente en Shriners Hospital era realmente increíble”, dijo la madre de Eddie. “Cuando uno entra en el edificio, siente que todos aman verdaderamente lo que hacen”.

Cuando Eddie cumplió los 11 meses, lo operaron para amputarle ambas piernas de manera que pudieran colocarle unas prótesis.

Eddie siempre fue un gran apasionado por los deportes, pero no se decidía a participan en ellos. Su madre lo alentaba a creer que todo era posible en la vida y gracias a eso Eddie comenzó a jugar fútbol a los diez años.

Resultó ser un buen consejo. En el tercer año en la escuela secundaria Sacopee Valley High School en Maine, Eddie jugó en el ala defensiva y como pateador en el equipo de fútbol, como escolta en el equipo de básquetbol y fue jugador de primera base y lanzador en el equipo de béisbol. Todos sus compañeros de equipo lo admiraban por el esfuerzo y la resistencia que demostraba a diario en las prácticas.

En julio de 2010, llegó el momento de mayor orgullo para Eddie cuando lo escogieron para jugar como pateador en el Maine Shrine Lobster Bowl Classic. El juego no solo presenta a los mejores jugadores de fútbol de escuela secundaria en el estado de Maine, sino que también se realiza a beneficio de Shriners Hospitals for Children®. Eddie jugaría para la misma organización que ayudó a hacer posible que él pudiera practicar el deporte que amaba.

Cinco minutos antes de terminar el partido, el equipo de Eddie anotó un touchdown y él entró al campo para patear el punto extra de desempate. Debido a tres penales cobrados a su equipo, el punto extra se patearía desde una distancia de 40 yardas. Justo antes de que Eddie pateara el balón, todo el estadio comenzó a alentar “¡Eddie, Eddie, Eddie!”.

“Fue algo tan intenso, prácticamente me largué a llorar”, comentó Eddie. “Ni siquiera podía ver luego de patear”.

El balón atravesó los postes y el estadio entero estalló. Según Eddie, hasta el entrenador del equipo contrario lo alentaba. La patada sería digna de aparecer en los libros de historia, fue el punto extra más largo que alguna vez se haya anotado en un juego en el Maine Shrine Lobster Bowl.

“El juego no se trataba de ganar o perder”, explicó Eddie. “Se trataba de los niños y de ayudar a la organización que significa tanto para mí”.

Eddie, de 19 años, juega actualmente en un equipo semiprofesional de fútbol de Nueva Inglaterra. Además, tras haber experimentado él mismo el trabajo transformador que Shriners hace por los niños, Eddie planea unirse a la fraternidad junto con su padrastro.

Con respecto a su futuro, Eddie planea hacer carrera en los deportes a fin de alentar a los niños y hacerles saber que, a pesar de los obstáculos, todo es posible en la vida.